Son la Justicia y la Educación, estúpidos

Artículo de Irene Villa en El Mundo

Posted in Uncategorized by anghara on junio 10, 2005

De divididas, nada

IRENE VILLA

Desde que supe que los terroristas serían escuchados por mi país si dejaban las armas, he sentido incredulidad, desesperanza y mucha tristeza. Sobre todo, porque sé que ETA no se rinde a cambio de nada, ellos mismos lo manifiestan. Que va a aprovechar cualquier concesión para renacer, como el Ave Fénix.

Mi perseverancia y esfuerzos por convocar a todos en una manifestación contra esa decisión que sólo alentaba a los asesinos se vio empañada por la desilusión al ver que muchas vías de comunicación se empeñaban en atemorizar a quienes asistiríamos, e incluso teñirla de un color político del que las víctimas carecemos rotundamente. Todo por impedir al pueblo expresarse.

Pero fueron muchos los que, con su apoyo y sus deseos de acabar con la banda terrorista, me animaron a seguir luchando. A mí, y a todos los que formamos parte de esa gran familia, pavorosamente numerosa, que es la de las víctimas del terrorismo. Pronto se unieron a la lucha titánica de dar a conocer nuestro rechazo a la inminente negociación, cientos de colectivos que han sufrido algún tipo de agravio. También colaboraron muchos de los que reciben un trato desigual, y otros grupos de toda índole que quisieron expresar su rotundo respaldo a la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Quizá el mayor apoyo incondicional nos lo brindaron decenas de asociaciones que llevan años luchando por la paz, los derechos humanos y la libertad, y una gran mayoría de grupos políticos, que se ofrecieron a difundir nuestra convocatoria a manifestarnos por todas las vías posibles. Es imposible mencionarlos a todos, pero sí me gustaría resaltar, si me lo permitís y sin desmerecer a nadie, por supuesto, la representación en Madrid del País Vasco y de Cataluña, cuya presencia ha demostrado que estas dos comunidades autónomas no van a permitir que ciertos políticos les enemisten para siempre con el resto del país.

Y digo que la labor de todos estos grupos fue la de dar a conocer hora y fecha de la manifestación, porque lo de animar a que nos acompañasen estaba de más. A la gente le faltaba tiempo para disponer su marcha hacia Madrid, hasta desde los puntos más remotos de España. Todo el que se enteraba de tal acontecimiento quería formar parte de él. Muchos de los que no fueron no han cesado de mandar sus disculpas por no haber estado. Unos aseguran que, de haberlo sabido, habrían estado allí. Otros, que, aunque su cuerpo no lo hiciera, su corazón estaba con las víctimas.

Luego, como todo esfuerzo tiene su recompensa, el pasado 4 de junio, la masiva llegada de personas por todos los medios de transporte posibles y de todos los rincones de España e incluso del mundo entero confirmó lo que nadie puede ocultar: no nos vamos a rendir al terrorismo.

De todo lo que allí se dijo, enarbolando la bandera de la libertad sobre las de todas las comunidades de España, lo que impidió que siguiera conteniendo las lágrimas en el día más emocionante de mi vida fue el momento en que aquella marea humana no cesaba de repetir: «no estáis solos, no estáis solos».

Habéis hecho que todos los que vivimos con un trozo de nuestro corazón amputado por culpa del odio que cualquier tipo de terrorismo ha esparcido por España, recuperemos el aliento. Un aliento que no hace mucho tiempo que desapareció. Porque allí, no sólo estábamos las víctimas de ETA, sino de otras muchas bandas terroristas y, muy especialmente, quisieron acompañarnos los supervivientes del trágico 11-M y muchos de los familiares de quienes aquel día perdieron la vida. Porque las víctimas no estamos divididas.Nunca lo hemos estado y nunca lo estaremos. Porque la condición política de quienes se sienten afines a un partido no va a interferir jamás en el trato que reciba. Somos todas iguales, tanto quienes se mueven guiados por su pensamiento político como los que nos negamos a encasillarnos en algún partido.

Y así lo habéis demostrado porque, aunque no era una manifestación política, me encantó ver unidos a tantos grupos representantes de pensamientos tan opuestos. Habéis apoyado así el amor, el respeto, la lucha por los valores de un Estado social y democrático de derecho. Habéis dado sentido a nuestro sufrimiento justo cuando los acontecimientos se empeñaban en pisotearlo.

Una vez más, la sociedad española nos ha hecho el mejor homenaje con el que pudiera soñar cualquiera que haya sufrido el zarpazo del terrorismo. Nos habéis devuelto la esperanza. Una esperanza que brota de la profunda certeza de que se luchará contra el terrorismo de una forma tan firme y rotunda que no permita más muertes absurdas. Ahora espero que no nos las vuelva a arrebatar nadie.

Sinceramente, no sé si esto habrá servido para que el Gobierno escuche a las víctimas en lugar de escuchar a los asesinos, pero desde luego nadie puede imaginarse hasta qué punto me ha servido.Me habéis dado fuerza, aliento, ilusión. Habéis hecho que crea de nuevo en la justicia, al menos en la popular. Habéis demostrado que, aunque las ideas dividan, frente al terrorismo seguimos estando unidos. Ahora sí que sé cuál es mi sitio. Gracias.

Los poquitos, nada representativos, que apoyan el diálogo, son los únicos que se separan. Y además, es porque no se han parado a pensar en las consecuencias de cualquier tipo de negociación.Por un lado, han decidido escuchar los deseos de los terroristas para que dejen de matar, pero, por el otro, desoyen su decisión inquebrantable de no dejar de matar a cambio de nada. Está bien claro. Una vez más exigen concesiones para poder volver a poner en marcha la sangrienta infraestructura que tantas vidas se ha cobrado en los últimos 40 años. Dicen que dejarán de matar, pero ¿quién va a creer a una banda de asesinos cuyos ingresos se deben a los muertos que causan?

Además, no puede haber diálogo porque no se dan las condiciones para ello. Ni está al mismo nivel un Gobierno que unos asesinos, ni existe voluntad para llegar al entendimiento porque supondría la voluntad de ceder por ambas partes. Y ETA no está dispuesta a ceder.

Lo que aún no entiendo es que esos que defienden el mal llamado diálogo tampoco atiendan a hechos como el aumento de protagonismo y poder del ilegalizado brazo político de ETA, la multiplicación de amenazas exigiendo de nuevo el impuesto revolucionario para poder seguir asesinando, las sucesivas manifestaciones por parte del entorno etarra celebrando su triunfo inminente, el entusiasmo de los presos que ven su futuro garantizado en la sociedad que intentan destruir, el creciente número de intimidaciones que se sufre en el País Vasco o, lo que es más grave aún, la fuente de financiación de bombas, abierta mediante la legalización de un partido claramente terrorista que nunca tenía que haber existido.
Este claro y terrible ataque a la democracia es lo que está trayendo, por ahora, la actual política antiterrorista, claro preludio del fortalecimiento de ETA. Y fue contra eso contra lo que se manifestó una España unida por la defensa de la justicia y los derechos humanos, que, no lo
olvidemos, están muy por encima de cualquier etiqueta política.

Si provocar muerte, dolor, mutilaciones y sufrimiento lleva a una banda terrorista a la mesa de las negociaciones, puede que sean muchos los que decidan instrumentalizar el terrorismo con fines políticos. Lo que me pregunto es ¿qué se hará en esos casos? ¿se dialogará con ellos? ¿o esperaremos a que lleven casi mil muertos para negociar?

Si todavía se quiere cerrar los ojos a la evidencia, sólo me queda pedir que las próximas víctimas se contagien de nuestra fuerza. La van a necesitar.

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