Son la Justicia y la Educación, estúpidos

Sobre educación

Posted in Uncategorized by anghara on junio 28, 2005

Transcribo aquí una entrevista que minutodigital hace a Mercedes Ruiz Paz, autora del libro “La secta pedagógica” que les recomiento encarecidamente leer para entender un poco qué pasa en lo de la Educación.

¿Cuál es el estado de la educación en la actualidad: formación, contenidos, disciplina, ejemplo?

Dista mucho de lo que deseábamos tantos a finales de los setenta, cuando nos sacó a la calle el deseo y la certeza de la posibilidad de una escuela pública, universal y gratuita que fuera precisamente lo mejor de lo que hasta entonces la escuela había ofrecido: en primer lugar, inserción de los jóvenes en la sociedad a través del conocimiento del pensamiento y la ciencia que habían construido esa sociedad. La mala prensa incluso de la misma palabra “conocimientos”, creciente a partir de las reformas parciales de los ochenta, fue alejando a la escuela de esa función hasta hacérsela extraña por completo. Una vez vacía de objetivos, la escuela se presentó como una “ciudad abierta” a disposición del primero que supiera plantar en ella su estandarte. Los profesores de nada, los pedagogos, camuflando su ignorancia y su sectarismo, se hicieron con el control. Hoy en día hay colegios públicos en los que algunos alumnos, en efecto, consiguen una excelente formación incluso en ciencias y pensamiento, pero invariablemente eso sucede porque esos alumnos “han tenido la suerte” de caer en manos de un buen maestro, de los que, significativamente, en la misma profesión denominan “un buen maestro, a la antigua, ya sabes”.

¿Cree que ha sido un error la transferencia de las competencias educativas a las comunidades autónomas?

No exactamente: nunca sobrará que los alumnos reciban, además, enseñanzas de su sociedad inmediata, impartidas y programadas por quienes pueden hacerlo, que por definición serán las autoridades educativas cercanas. Sin embargo, así como los asuntos exteriores o la defensa no se han transferido a las comunidades autónomas, en mi opinión se irá demostrando en tiempos próximos que esas transferencias en educación se deberían haber hecho selectiva y no indiscriminadamente, y me refiero evidentemente a la cualidad de las mismas: así como no hay una “Física Extremeña” o una interpretación “asturiana” de Platón, y eso parece que lo entienden casi todos, aunque no todos, algunas otras materias quizá no se deberían haber dejado en manos de programadores puramente partidistas, regionales o locales, más atentos a crear “bases conscientes” futuras para sus partidos o partidas que a proporcionar una enseñanza con garantías y respetuosa con el derecho a ser enseñado del alumno. No es en absoluto un fenómeno exclusivamente producido por las transferencias autonómicas, por supuesto; pero lo que sí es cierto es que estas lo favorecen, al haber recuperado para nuestro presente los modos de autoridad regional que no se debe a nadie y a nadie debe dar explicaciones, al estilo de lo denunciado hace un siglo, por ejemplo, por el mismo Sagasta; las autoridades políticas tradicionalmente han despreciado a las científicas, y si además se las libera de controles políticos generales, pueden y suelen acceder a conductas más bien irrespetuosas con la ciencia y el pensamiento. Algunas de las comunidades autónomas se están portando de un modo absolutamente irresponsable y, en el territorio de la enseñanza, están estafando a los ciudadanos.

¿Qué va a suponer la irrupción de miles de inmigrantes en los colegios públicos y concertados?

Ya está suponiendo, porque hay algunos colegios en los que esa irrupción ya se ha producido. Sobre las hipótesis previas al fenómeno, todos creíamos que se daría un intercambio cultural, que algunos pensaban casi equivalente en ambas direcciones. La verdad es que hasta el momento no hemos podido observar tanto, y eso por un fenómeno que no habíamos tenido en cuenta: la mayor parte de estos inmigrantes llegan con un bagaje cultural paupérrimo, y por supuesto no me refiero sólo a los conocimientos científicos. Muchos de ellos, y en algunos colegios una enorme mayoría, proceden de zonas deprimidas o muy deprimidas de sus países de origen; muchos son prácticamente analfabetos a edades muy avanzadas, y sus padres también lo son. Y carecen de información o de vehículos para transmitirla incluso acerca de su propio origen, del que como mucho cuentan dos o tres datos nimios. Algunos, aparte de ello, achacan a “diferencias culturales” el resto de los elementos de sus conductas cuando chocan con las aceptables socialmente en España, pero eso está por demostrar, porque en su mayoría son meros signos de nivel sociocultural, y la prueba es la velocidad a la que modifican sus actitudes en cuanto se les informa. En otro orden de cosas, todos conocen que los alumnos de más edad han venido, en algunos casos, con ciertas costumbres peligrosas, en el sentido de hábitos de defensa frente al otro, desconfianza, y respuestas automáticas de tipo violento. Es un problema de otra magnitud, que se sitúa por encima del colegio, aunque este no puede ignorarlo.

El método de inmersión lingüística en Cataluña, ¿mejora o empeora el rendimiento de los alumnos?

El programa de inmersión lingüística en Cataluña ha empeorado la habilidad lingüística de los alumnos en ambos idiomas. Ha llegado a crearse una especie de habla mixta que algunos humorísticamente denominan “catañol” y Cataluña suele ofrecer resultados de muy bajo nivel en las evaluaciones.

Normalmente no tiene por qué haber problemas con una inmersión lingüística o con una enseñanza bilingüe. Muchos colegios bilingües español-inglés, por ejemplo, ofrecen muy buenos resultados y los alumnos dominan los dos idiomas. El problema es que en Cataluña no se practica la inmersión ni el bilingüismo de modo natural desde que el nacionalismo paleto tomó al asalto la escuela. No se puede obtener éxito en el aprendizaje de dos idiomas cuando uno de ellos se presenta como el idioma de prestigio y el otro como la lengua de los parias. El problema con la escuela catalana es que el poder político ha creado un conflicto donde no lo había. Los ciudadanos practicaban un natural bilingüismo y dominaban los dos idiomas, pero ciertos políticos introdujeron un programa de inmersión utilizando la lengua como instrumento ideológico, como elemento segregador.

¿Hay medidas que puedan salvar el sistema educativo?, ¿hay alguna reacción entre el profesorado?

Naturalmente que se puede salvar el sistema educativo. Algunos opinamos, en efecto, que ese barco está mal gobernado, o que algunas de sus secciones hacen agua, pero todavía no se ha llegado al naufragio absoluto. En el peor de los casos y como mínimo, quedarán algunos centros, tanto públicos como privados (porque en esto no hay distinción) como pequeñas islas de conocimiento y de transmisión de pensamiento y de ciencia; en el mejor, el sentido común se impondrá, el colegio recuperará
sus funciones, perderá otras que en la actualidad se le han atribuido, y volverá a funcionar el mecanismo del relevo escolar. Algunos profesores, en todos los niveles, comparten estos puntos de vista, y cada uno en su parcela lucha para esa recuperación: es decir, dan clase de la materia que se les dijo en un principio que tenían que dar a pesar de los malos tiempos. Y de eso depende que el sistema se recupere. Si todos los maestros se decidieran a enseñar la materia que tienen que enseñar, la recuperación sería inmediata.

En el título de su libro, califica a los pedagogos de secta. ¿Tan tremendo es el comportamiento y el poder de estos profesionales?

Jerga críptica para denominar lo que el idioma común ya tiene suficientes términos; objetivos que en público se disfrazan a veces incluso de sus opuestos; pérdida de referencias en cuanto a las necesidades de la sociedad exterior a ellos mismos; autorreferencia constante en sus conductas, para satisfacción de sus propios sobreentendidos. Son características de las que cualquiera que haya vivido en la enseñanza desde hace veinte años podría poner innumerables ejemplos.

¿Por qué la izquierda ha dirigido el desmantelamiento del sistema público educativo cuando, por servicio al que en principio es su electorado, debería de haberlo mantenido y mejorado? ¿A quiénes les interesan ciudadanos incultos?

Muchos afirman que esa izquierda fue algo así como “colonizada” por individuos de procedencias e intereses en principio ajenos u opuestos a ella misma, quizá de pasado eclesiástico turbio, según esa versión del viaje conceptual efectuado por tantos desde la “caridad” en la que les educaron hasta su, a fin de cuentas sinónima, “solidaridad” más presentable verbalmente en épocas españolas de desprestigio de lo religioso pero no de sus sentimientos. Otros opinan muy otra cosa: ha sido el puro capitalismo multinacional, a través de trilaterales y organizaciones conspirativas, el que ha copado esa izquierda y se la ha llevado poco a poco hasta esas concepciones “liquidacionistas” de la enseñanza para volver a mediados del siglo XIX y volver a tener masas de personas sin preparación a las que poder contratar como peonaje inespecífico. Me parece que ambas opiniones tienen implicaciones suficientes como para que lo más sensato sea dejar la cuestión en manos de los historiadores de dentro de cien años. Yo no descartaría, por otro lado, la simple incompetencia. Todos hemos heredado un mundo de suposiciones y sobreentendidos en lo que se refiere a la política, uno de cuyos elementos es, por ejemplo, el de una supuesta superioridad moral de la izquierda en todo lo que haga o diga; esto se está combatiendo en la actualidad. Pero hay otro sobreentendido que nadie discute: el de la competencia de la izquierda. Quizá cabría pensar que en este asunto la izquierda y los que a la izquierda han regalado o vendido sus ideas acerca de la enseñanza, son, sencillamente, idiotas e ignorantes.

¿Por qué los profesores no se han opuesto a la LOGSE ni han apoyado la LOCE? Si ellos no lo hacen, no pueden esperar que el resto de los ciudadanos salga a la calle.

Los profesores en su conjunto, y los maestros de primaria en particular, han sido tradicionalmente, y siguen siendo, uno de los cuerpos más disciplinados y apocados del funcionariado. Conozco a muchos que se negaban a enseñar a leer antes de los 6 años y, al llegar la LOCE, comenzaron a enseñar lectura a niños de 3 ó 4 años. Imagino que ahora están a la espera de la nueva ley para saber qué hacer. Miran a las leyes antes que a la realidad. Otros no criticaron la LOGSE porque supieron ponerse a favor del viento y obtener importantes privilegios de los que no quieren prescindir.

¿Es partidaria de medidas que impliquen cierta competencia entre los colegios y los profesores, como o el cheque escolar?

Soy partidaria de que no se oculte a los padres y a la población en general los problemas que tiene la enseñanza, los colegios, o un colegio en particular. Ese silencio, que tradicionalmente se ha mantenido y ha consumido tantas energías que se podrían haber dedicado a mejores causas, es punto por punto idéntico al que tan frecuentemente se parodia, y se desprecia, como ese quizá estereotipado “corporativismo” de la clase médica. ¿Por qué todos ven tan claro que ese corporativismo, de existir, debería acabar, y sin embargo todos lo aceptan si se trata del silencio escolar? Que la realidad del interior de los colegios no pudiera salir al exterior ha dado lugar a infinidad de iniquidades entre el mismo personal docente e incluso hacia los alumnos. Todos los docentes hemos mirado al cielo con desesperación cuando un padre nos comunicaba que para el curso siguiente se llevaba a su hijo al colegio X, porque nosotros sabíamos que en ese colegio estaba de jefe de estudios, por ejemplo, un tirano ignorante y burocratista que impedía que los profesores enseñaran matemáticas incluso elementales; pero no podíamos hablar más que, como mucho, y arriesgándonos, con claves complicadas. Todo eso es una aberración: ¿a quién hace daño decir la verdad acerca de los profesores y los colegios, en qué funcionan bien y en qué funcionan mal? Si alguien lo quiere interpretar forzosamente como “competición”, pues qué se le va a hacer. El orgullo de un colegio debería ser preparar bien a sus alumnos, querer ser el mejor. No sé si eso es competencia pero como no se mejora es con desidia, abandono, mediocridad y ocultaciones.

¿Cree que los conciertos educativos suponen que los poderes gubernamentales se inmiscuyan en la gestión y el ideario?

Probablemente, y con razón: si de los impuestos de todos sale el dinero que nutre a un colegio en particular, como mínimo este colegio no podrá impartir enseñanzas contrarias al sistema político; y a partir de este mínimo habría que ampliar una discusión que en absoluto es fácil ni se puede esquematizar. La gestión, desde luego: no lo llamaría “inmiscuir”: es que me parecería imperdonable que las autoridades públicas no siguieran la pista a ese dinero. Para bien y para mal.

¿Cuáles son los principios, en su opinión, en que debe sustentarse un buen sistema educativo? ¿Qué países o experiencias nos pueden servir de modelo?

Citaría a Rafael Rodríguez Tapia, autor de La enseñanza neutral, que tiene esos principios muy bien sistematizados: universalidad, neutralidad, amplitud, precisión y compromiso parecen en conjunto una relación de principios sobre los cuales se podría llegar a consolidar un sistema educativo deseablemente duradero y aceptado por todos: universalidad, por dirigirse a todos sin exclusión; neutralidad respecto de las opciones políticas y de partido, religiosas o ideológicas; amplitud porque no debería excluir enseñanza, cultura, conocimientos o pensamiento alguno de sus programas; precisión, porque debe dedicarse a lo que tiene que dedicarse, y no a otras cosas más propias de otras instituciones o servicios; y compromiso, porque tiene que poner todas sus energías, y permanentemente, dirigidas a la consecución de estos fines, y ofrecer la seguridad a la ciudadanía de que no va a abandonar a mitad de camino.

No podemos elegir un país en particular como modélico a este respecto, sino más bien algunos elementos de este o aquel sistema o país. El sistema alemán, por ejemplo, es quizá excesivamente duro con el alumno de una edad demasiado temprana, y eso no debería generalizarse; pero sí podríamos tomar de él la seriedad y el respeto que sin la más mínima fisura (y sin excepciones por lo que se refiere a los políticos) manifiesta hacia la transmisión de conocimientos. Del inglés podríamos adoptar la honestidad de su autocrítica, después de haber adoptado desgraciadamente su error de la mal traducida “escuela comprensiva”. Del francés, indudablemente, su amor por el idioma, y la certeza de que todo en la enseñanza empieza precisamente ahí, y de que el correcto dominio del idioma es el primero de los igualadores sociales.

¿Cómo juzga a los ministros de Educación: Maravall, Solana, Rubalcaba, Aguirre, Del Castillo, San Segundo? ¿Cuáles cree que han sido los mejores y los peores y por qué?

En mi opinión, los tres primeros trajeron el desastre a las aulas. No sé si con alevosía o por incompetencia. Aguirre intentó reconducir, al menos, los estudios de Humanidades aunque no los pudo llevar a buen puerto. Del Castillo no debía haber perdido tanto tiempo en elaborar la nueva ley, la LOCE, que constituía una mejora aunque demasiado tímida. A San Segundo quiero considerarla un enigma hasta conocer los pasos que da. El anteproyecto que ha elaborado su equipo no resuelve los problemas que desde hace años padece la enseñanza. Le recomendaría que no rescatara el cadáver putrefacto de la Logse para maquillarlo y organizar un nuevo caos.

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