Son la Justicia y la Educación, estúpidos

Franco y el CAC – Federico Jiménez Losantos (“El Mundo”)**

Posted in corrupción, grandes artículos, Socialismo by anghara on noviembre 20, 2008

Franco y el CAC

FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS

Según acaba de descubrir Garzón (y no lo dudo, porque, de saberlo antes, su fallida Causa General sería un monumento a la prevaricación y no a la incompetencia), Franco ha muerto. Pero la dictadura sigue viva, qué digo viva, vivísima, aunque, como es propio de todo despotismo, menos vivificante que mortificante.

Si alguna vez, allá por los años 70 -cuando la Transición y la Constitución-, pareció dar las boqueadas y ponerse de perfil, signo inequívoco para el pueblo llano de que el enfermo está dejando este valle de lágrimas, ahora nadie puede dudar de que goza de tremendo vigor y hasta de vigorexia, mal de tantos obsesionados con su forma física. En materia de libertades, sean de expresión, educación, comercio o actividad política, la dictadura ha retoñado con tal fuerza, muge y piafa tan fieramente, que los nostálgicos del despotismo deben de pasarlo bomba. Y si en la primera mitad de la década de los 70 Barcelona estaba a la cabeza de la lucha contra la dictadura, ahora encabeza su recuperación. Los signos son tan parecidos a los de los últimos años del franquismo que sólo falta que el régimen expulse a Añoveros. Si no lo ha hecho aún, no será por falta de ganas, sino de añoveros.

En esta risueña primavera nacionalista del despotismo y la corrupción, criaturas políticas y categorías morales que van siempre de la mano, porque el despotismo genera corrupción y la corrupción alimenta el despotismo, hay una institución nacida contra la libertad y alejada, por tanto, de cuanto parezca Estado de Derecho, que además de cruel realidad se ha convertido en símbolo del pujante despotismo en Cataluña: el tristemente célebre CAC. Nadie en su sano juicio dudará de la politización de un ente compuesto en su inmensa mayoría por políticos profesionales de las distintas familias de la dictadura, pero había más respeto a la legalidad y más pluralidad entre los Tarragona y Porcioles de la dictadura de ayer que entre las familias nacionalistas de la dictadura de hoy. Con la disciplina actual, el joven Samaranch nunca se habría ido a Moscú. ¡Será por checas!

Demostrando la fuerza de la dictadura, ayer el CAC dio un soberbio espectáculo ante la opinión pública, defendiendo un dizque concurso en el que se ha dado licencias a empresas constituídas después de cumplidos los plazos legales y, de paso, insultando a los medios robados y maltratados (a veces injustamente) por los comisarios del CAC. El del PP, demostrando la justicia que podemos esperar de ese tribunal, llamó «miserable» a Luis del Olmo y dijo que a mí deberían hacerme «un exorcismo».

Ya me hicieron uno los de Terra Lliure, sin mucho éxito. Pero si Carbonell, jefote del CAC, pretende fingir neutralidad, no debería dejar que su tribunal insulte así al reo. Eso, ni en el franquismo.

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